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Vivir en la calle – parte 2

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Vecinos del barrio El Bosque piden ayuda para rescatar a un mendigo

PARTE DEL PAISAJE. “Copito” deambula por San Juan y Asunción, enfundado en ropas que le quedan enormes. LA GACETA / FRANCO VERA

| “Copito” deambula por las calles, pide comida a los dueños de casas y duerme destapado, en cualquier parte. Una médica cuenta que el vagabundo es desnutrido, sufre esquizofrenia y tiene un grado de autismo. “Nadie nos escucha”.

Se mueve despacio. Las zapatillas, que parecen canoas en sus pies, no ayudan en cada paso. Mientras avanza parece que se va a desarmar. De repente, se detiene para subirse los pantalones, que siempre están a punto de caerse. Su rostro se esconde detrás del muro que conforman un largo y espeso cabello y una tupida barba. El prefiere que no lo miren. Y como si fuera un mecanismo de defensa, cuando alguien se acerca muestra las extensas y descuidadas uñas de sus manos. Todo es un gran misterio en su vida. La mayoría no sabe cómo es su verdadero nombre, pero ya se convirtió en el personaje más famoso entre los habitantes del barrio El Bosque. Alguien lo bautizó “Copito” hace dos o tres años. Desde entonces comenzó la lucha de los vecinos para conseguirle un techo y ayuda social, aunque aseguran que todavía nadie ha querido destaparse los oídos para escuchar esta triste historia.
Las primeras luces del día lo despiertan en el umbral de alguna casa o, quizá, entre los escombros, adonde busca refugio para cubrirse del frío. Se moviliza por dos cuadras: Asunción al 400 o San Juan al 1.700. Sólo tiene lo que lleva puesto: un viejo y sucio traje gris con rayas en el que caberían cómodos dos “Copitos”. Se cubre con un saco de lana que alguien que pasaba por allí le regaló. “Siempre lo cruzo a la mañana y aparece temblando. Tengo miedo que alguna vez lo encontremos muerto; alguien tiene que ayudarlo”, relata Hilda Lorca.
Apenas se endereza un poco va directo a la casa de un religioso que vive en la zona. “Señor, café, pan, queso”. Esas son las únicas palabras que suele enhebrar y compartir con quienes lo ayudan a sobrevivir. “Hoy ya le dimos cinco veces el desayuno”, cuenta Italia, hermana del sacerdote y dueña de la vivienda en cuya puerta “Copito” pasa la mayor parte del día sentado sobre la casilla de gas.
“¿Cómo se llama? ¿Cuántos años tiene?”, le pregunta la cronista. No se anima a contestarle a extraños. Cuando Italia le consulta, el mendigo responde que ya vivió 30 años, o tal vez 25. En realidad, se calcula que tiene unos 56 años y que sufre de autismo, esquizofrenia y desnutrición, detalló la doctora Sandra de Bazán, que reside en Asunción al 400 y también ayuda a alimentar al hombre.
Los vecinos saben que “Copito” tiene una hermana en el barrio Juan XXIII, más conocido como La Bombilla. Pero aseguran que nadie quiere hacerse cargo de él y que por eso cada vez que operadores sociales lo llevan a la casa de sus familiares al poco tiempo el linyera reaparece por El Bosque. “Acá le damos de comer y él se siente a gusto. Pero realmente no puede vivir así. Con el frío que hace duerme destapado, donde lo agarra la noche. Hay vecinos a los que les molesta; a mí me da mucha impotencia, siento que se me escapa de las manos y que en cualquier momento le va a pasar algo y todos lo vamos a lamentar”, dice Héctor Romero.
“El Estado debe intervenir; es su obligación porque se trata de una persona desamparada y que tiene problemas de salud mental. Ya pedimos que lo lleven a un hogar, pero nadie nos escucha”, asegura Italia. Con esta mujer es con quien más habla el vagabundo. Pero sólo utiliza monosílabos para comunicarse.
El aroma de las comidas ya se siente en todas las casas donde preparan el almuerzo del viernes al mediodía. “Copito” tiene hambre. Entonces, empieza la ronda. Una vez más, su almuerzo dependerá de la buena voluntad de algún vecino. Después de la siesta, volverá a peregrinar por unas tazas de café y, más tarde, la noche lo sorprenderá en alguna esquina, temblando, sin saber quizás si despertará para ver el nuevo día.

La gente le da plata y él la olvida en cualquier sitio

“Me dijeron que así como el caso de ’Copito’ hay un montón en la provincia”, contó Sandra de Bazán, una médica que vive en Asunción al 400 y que más de 20 veces golpeó puertas en la Dirección de Familia y Minoridad en busca de ayuda. Sin embargo, siente impotencia ante la falta de respuestas del Estado para encontrarle un lugar adonde puedan contener al mendigo del barrio El Bosque. “Las autoridades ya tienen un expediente que detalla el caso de ’Copito’. Su nombre es Alberto Leame. Su única familia es una hermana en el barrio Juan XXIII. Ella, según me dijeron, no tiene posibilidades de ayudarlo”, dijo la vecina. “Por eso pedí que lo llevaran a un asilo y me contestaron que no hay lugar en ninguna parte”, relató.
Algunos operadores de Familia y Minoridad lo conocen perfectamente y lo apodaron “Tío Cosa”. Según explicaron a LA GACETA sin revelar sus nombres, ellos fueron hasta donde vive el mendigo para rescatarlo, pero no pudieron. “No quiere irse de allí, dice que le gusta deambular en la zona”, describieron. “Son ridículos. El hombre no tiene contención; si la tuviera no estaría en la calle”, resaltó Bazán. Además, sostuvo que no es una persona consciente de sus actos. “Su debilitamiento mental es muy avanzado. La gente le regala ropa o plata y él la deja tirada”, concluyó. LA GACETA intentó hablar con autoridades del Ministerio de Desarrollo Social, pero no obtuvo respuestas.

fuente:LAGACETA.COM

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