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Tucuman paraiso audiovisual

| Cada vez son más los jóvenes tucumanos que recurren a las cámaras para “mostrar su aldea”. Por Nora Lía Jabif – Editora de Cultura.

Hace un par de semanas, el experto en televisión Alberto García Ferrer dijo, de paso por su Tucumán natal, que uno de los mayores impactos de la televisión digital residirá en que el nuevo sistema no sólo permitirá, sino que obligará, a generar contenidos a granel, porque se multiplicarán los canales. Entonces, esa reflexión sonó a teoría. Pero ahora que la televisión analógica ha comenzado en Argentina su tiempo de descuento para ser reemplazada por el sistema digital, el problema de los contenidos se vuelve una oportunidad para quienes tengan capacidad de producción en el rubro audiovisual. En Tucumán hay condiciones incipientes para desarrollar esa vertiente, en particular por el semillero que podrían aportar la Escuela de Cine de la UNT, las carreras de Comunicación (de dos universidades) y la Facultad de Artes de la UNT como ámbitos no excluyentes para la generación de proyectos audiovisuales. En la Provincia, son cada vez más los jóvenes que tienen ganas de narrar a través de la herramienta del recurso audiovisual. El domingo, el suplemento de Espectáculos de LA GACETA dio cuenta de esa tendencia, en su informe con realizadores que han elegido el cortometraje como medio de expresión. En el mismo informe se indica que, ante la falta de espacios para proyectar sus obras, muchos de esos cineastas las exhiben en los circuitos festivaleros o inclusive en residencias privadas. Una alternativa de exhibición sería la instalación en Tucumán de una de las 30 salas digitales que ofrece la Unión Europea (UE) para los países del Mercosur, con el objetivo de contrarrestar la fenomenal penetración del cine norteamericano. Pero ocurre que una parte mínima de la inversión – alrededor de $1 millón- debería ser aportada por la Provincia. Pero, se sospecha, para el gobernador José Alperovich hoy hay otras prioridades. Por eso, el presidente del Ente Cultural, Mauricio Guzman, se reunió esta semana con el rector de la UNT, Juan Cerisola, para tentarlo con la propuesta. Al fin y al cabo, la UNT debería ser parte interesada, y no sólo por su Escuela de Cine, sino también porque es copropietaria de Canal 10.
Pero la UNT tiene otra deuda pendiente, en la formación  de sus recursos humanos en el área audiovisual. La Escuela de Cine está en un punto de inflexión. Las primeras camadas, que están terminando la Tecnicatura, están a la espera de que se habilite el tramo final de la Licenciatura, que hasta ahora no ha sido habilitado. De lo contrario, se sentirán defraudados por la institución.
Hace menos de dos semanas se han graduado las dos primeras médicas veterinarias de la UNT. Y la historia viene a cuento porque esa carrera que había comenzado en articulación con la Universidad Nacional de Río Cuarto finalmente logró autonomía como una carrera de la Facultad de Agronomía y Zootecnia de la UNT, y está cumpliendo un ciclo. Con otra de las carreras nuevas de la UNT, Ciencias de la Comunicación, ocurrió otro tanto.  Al margen de los graves problemas de infraestructura y de recursos humanos que le explotaron en su momento a la Facultad de Filosofía y Letras por la llegada de una matrícula exorbitante, también esa carrera está entregando ya sus primeros egresados en el área de la Comunicación.
El caso del cine es especial porque, admitámoslo, hasta ahora ha sido considerado un oficio menos “utilitario” y más artístico que las otras dos disciplinas.
Sin embargo, ya hay algunas señales de cambio. En la Legislatura, las legisladoras Carolina Vargas Aignasse y Olijela Rivas están trabajando en sendos proyectos de Servicios audiovisuales. La iniciativa de Vargas Aignasse apunta al desarrollo y circulación de la producción cinematográfica, televisiva y en soportes tecnológicos modernos como internet y celulares, y a la capacitación de actores y técnicos radicados en la Provincia. En el proyecto (que se está terminando de armar)  también hay un ítem dedicado a la producción de documentales.
Otro aspecto que contempla ese proyecto es la posibilidad de que Tucumán se convierta en una “locación” apetecible para realizadores no tucumanos. Las autoridades del Ente Cultural manejan una planilla reconocida por el Instituto de Cinematografía de la Argentina (Incaa) en la que se ponderan 20 rubros (catering, transporte, hotelería, iluminación, pagos a actores, entre otros) para determinar  cuánto le dejó una producción al lugar en el que se filmó la película.
Es probable que la legisladora haya visto las planillas elaboradas por el Ente que muestran que la filmación de películas como “El piano mudo” y “Aballay” le dejó a la Provincia alrededor de $3 millones entre las dos producciones. No es mucho dinero, pero es el suficiente como para empezar a analizar que la produccción audiovisual, en todas sus manifestaciones, puede ser tanto una oportunidad de negocio como la vía para que los tucumanos del siglo XXI cuenten sus historias y las de su aldea, y las compartan con el resto del mundo.

fuente:LAGACETA.COM

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