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A paso de Abuelo

Sábado al mediodía, camino por “El Bajo” hacia la Términal de colectivos de Tucumán, un paquete de galletas son mi almuerzo provisorio, gente desconocida viene y va por las veredas apretadas atestadas de mercadería, remiseros, un policía conversa con una mujer desconocida, las prostitutas se mimetizan con el paisaje urbano.  Llego al cruce de Avenida Brigido Terán, la garita del varita está vacía… vestigio de viejas épocas pre-semáforo , el tránsito es incesante y no hay quién lo controle, el paso de algún colectivo es la oportunidad perfecta para atinar a cruzar sin hacerlo a las corridas ni recibir bocinazos. De pronto alguien me toma del brazo, una voz lúcida y sábia me increpa:

– Disculpe mijo ¿me puede ayudar a cruzar la calle?

el anciano se disculpa varias veces, al instante asiento con la cabeza mientras limpio las migas de mi boca.

– Si si cómo no

Se aferra más fuerte a mi brazo.

A la primera oportunidad avanzamos …

–  Aver… ahora! vamos!

en mitad de la calle el hombre me cuenta:

– ¿Sabe por qué le pido que me ayude a cruzar la calle? pasa que me estoy recuperando de una quebradura en el codo, tengo miedo de caerme, la otra vez que estaba lloviendo me refalé con una bolsa que estaba tirada en la vereda…

Cuántas veces hemos visto gente arrojando la basura directamente en la calle y en las veredas, a pesar de que hay muchos cestos de basura y contenedores en la Ciudad, no los suficientes, pero existen, aún así la cultura de la mugre sigue siendo epidemia en Tucumán, mal que nos pese, y lo peor no es solo el daño visual ante los visitantes, o el daño ecológico que esto conlleva, sino el peligro que significa para personas con discapacidades físicas o personas de avanzada edad como en este caso. Podríamos pensar bien la próxima vez antes de arrojar la basura en la vía pública y depositarla en los recipientes de basura o al menos guardarla en el bolsillo, el bolso o la mochila hasta encontrar algún basurero. Seguimos cruzando la calle mientras coincidimos en la falta que hace un semaforo en ese cruce, sigo dándole charla.

– ¿Usted va hasta la Términal también?

– Así es mijo, voy hasta la Términal.

– ¿Hasta dónde va?

– Hasta Lastenia

– Bueno venga que lo acompaño,¿ ya tomó anteriormente este colectivo?

– Si si mijo, gracias.

Era extraño seguirle el paso al abuelo, estamos tan acostumbrados a cargarnos el tiempo de forma tan vertiginosa para realizar la mayor cantidad de actividades en el menor tiempo posible  y así disponer del tiempo justo , el solo hecho de tratar de desacelerar la euforia moderna y adaptarme al caminar pausado del anciano era todo un desafío, pero  sin duda lo necesitaba.

-Sabe? mi hijo es medico, y no es por nada, pero me cuenta que en el Hospital Padilla no hay medicamentos, ¿ a Usted le parece? Alperovich se llena la boca hablando de seguridad y en los Hospitales no hay medicamentos mijo!…

No es novedad, en muchos Hospitales del interior tucumano tampoco hay medicamentos, los cargamentos  desaparecen tan rápido como llegan, son desviados en algunos casos por los mismos funcionarios municipales que entregan luego los medicamentos a la gente sin prescripción medica a través de organizaciones políticas paralelas vinculadas al oficialismo local, algunas muy bien conocidas a nivel provincial. Además de la inseguridad que se vive en las calles con la delincuencia habitual, también se vive una inseguridad Institucional propiciada por la falta de controles eficaces y periódicos, además de la mala administración heredada de los directivos de la dedo-cracia.

El abuelo insiste:

No puede ser mijo, hay mucha inseguridad, y el Gobernador se llena la boca hablando de la seguridad en la tele.

 

Hasta este hombre, con toda una vida vivida, se indigna en cada comentario con la realidad que palpa, no come vidrio, ni quiere resignarse, prefiere apostar al futuro, se nota en cómo habla de sus hijos y de sus nietos… 

Qué nos queda sino confiar en que algún día podremos disfrutar de un futuro mejor y más justo.Qué nos queda sino apostar a las generaciones más jóvenes y venideras. Qué nos queda sino la esperanza.

Me despido del abuelo con una palmada en la espalda mientras le deseo buen viaje, continua a paso gentil hasta su colectivo. Tucumán ARDE.

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