Deja un comentario

El loco de la basura

locodelabasura

Madrugada de brisa refrescante en el nuevo Ibatín, son las 2 AM y el balcón invita a mudarnos con colchon y todo a ese pequeño espacio lejos del calor de las cajas de zapatos que son los departamentos. Llega el momento de irme, dejo un beso por cada escalón que nos separa de la planta baja, abro la puerta de ingreso al edificio, y del otro lado de la calle un hombre bien vestido, de zapatos caros y bien lustrados, pantalón blanco y camisa color salmón, se agacha junto a la acera, toma una bolsa de basura con sus manos, la arroja por los aires y antes de que toque el suelo nuevamente le da un puntapié que dispara los residuos a medio metro de mi.  Dejo de leer la pantalla de mi telefono  y me quedo mirándole fijo sin entender muy bien qué está pasando…

El sujeto actúa con total naturalidad, tranquilo, como los locos que no tienen que dar explicaciones de sus desvaríos, no emite palabra alguna, ni siquiera un mínimo insulto,  solo se limita a tomar una por una las bolsa y cajas repletas de basura apiladas al pie de un naranjo sobre la vereda, y repite una y otra vez la misma acrobacia de patear o simplemente arrojar lo más alto posible los residuos para que golpeen fuertemente sobre el pavimento y se desparrame mucho más la basura de lado a lado. Otra bolsa vuelve a volar directamente hacia mi, al impactar en la calle vuelan vidrios rotos de botellas… me he salvado por muy poco de la mala puntería de este extraño.

– Guarda maestro! me va pegar! (no se escucha respuesta)

Los pocos aludidos se asoman por sus balcones a observar el espectáculo inesperado, lo miran a el, me miran a mi, disimulo cuanto puedo que no soy yo a quien odia este loco y que no es a mi a quien arroja tanta basura.  Cuando ya no queda residuo que patear el loco de la basura se regresa hasta la esquina de donde vino, la esquina de su casa, sobre cuya vereda lindante alguien ha dejado todos estos meses sus bolsas de residuos. El iracundo tiene bien en claro quienes son sus culpables, son los habitantes del edificio del que acabo de salir. Desde la otra esquina otro vecino y su familia con cara de preocupación le pregunta:

-¿Qué pasa maestro?

– Pasa que los del edificio ese me viven dejando la basura en la vereda de mi casa, eso pasa.

– Pero la calle la usamos todos! 

Discusiones con un loco que ahora medio nervioso no sabe qué argumentar. Vuelve a la escena del desastre, se para orgulloso de su chiquero con las manos en la cintura y observa, espera… no se bien qué. Me dirijo   a mi auto, y mientras me animo a intercambiar palabra con el enajenado.

– La próxima tenga más cuidado maestro, casi me pega con los vidrios de las botellas

– ¿Qué? ¿quién? yo no le he pegado a nadie.

– No, le digo que CASI me pega, tenga más cuidado, mire toda esa basura, mire todos esos vidrios rotos, es un peligro, se puede accidentar una criatura, algún vecino, romperse las ruedas de los autos.

– Que se hagan cargo los del edificio ese!

– Tiene que hablar en la inmobiliaria ¿ya hizo la denuncia en la municipalidad?

– Me harté de hacer denuncia, a todos lados fui, nadie hace nada! yo pago mis impuestos! $@#&*

– Si seguro, lo entiendo, entiendo su situación, pero entienda también que lo que usted hizo está mal, es un peligro!.

Y así mientras cierro la puerta dándole la razón  como siguiéndole la corriente, aparece una familia en su automóvil, se detienen justo en frente de la basura esparcida, el loco de la basura se agarra la cabeza, se refriega la frente, mira la escena que acaba de crear con su ira, intenta deshacerlo esparciendo unos pocos desechos arrastrándolos con sus caros zapatos. El conductor se arriesga y cruza los vidrios rotos como si fueran brasas una noche de San Juan.

Pongo la llave, arranco, tomo el volante, me alejo lentamente de aquel manicomio insalubre, los ojos electrónicos  vigilan en fracazo los infiernos, las masmorras.

De pronto una seguidilla de motoqueros me hacen insultar al aire… mal presagio por delante. A pocos metros de donde estoy, como siempre en tantas madrugadas, igual que una tribu de aborigenes reunidos para llevar a cabo algún rito, lotería de sacrificios humanos. Resagados salen de la oscuridad, de todas direcciones aparecen, solos o acompañados, en sus dos ruedas aparecen, y se reunen, copan toda la avenida, los curiosos llegan en autos para ver la repentina y clandestina competencia, botella o caja de vino en mano todos quieren ver. Parece una escena de “rápido y furioso”, parece una pelicula, una de esas de locos… locos como el de la basura, locos en dos ruedas, locos al fin.

Detrás de un colectivo de larga distancia me alineo y me protejo a mi mismo ya que nadie hoy como de costumbre lo hará por mi, al paso del colectivo la masa de extraños jovenes se abre como agua, como olas, olas de peligro.  Llego a la rotonda y esquivo los vidrios rotos de botellas que no cayeron en mi cabeza cuando el loco de la basura me arrojó. 

Mientras me adentro en la oscuridad de la ruta, pienso, pienso en cuanta gente loca hay en esta condenada ciudad, pienso mientras esquivo de no chocar el costillar de un animal que vaya uno a saber qué fue antes de quedar reducido a un río de sangre sobre el asfalto. 

pd: después de irme el loco de la basura estuvo buen rato urgando entre la basura, se le cayeron las llaves de su casa.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: