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Alarma 2001

Una de esas tardes previas de navidad, de otro largo diciembre en el Nuevo Ibatín, las sirenas yendo y viniendo son habituales oirlas en la avenida, nada ni siquiera el cielo gris hace suponer lo que va a suceder.

Es entonces cuando el teléfono celular suena y la voz de un familiar nos alerta, las voces se tensan en preguntas. Luego de cortar la comunicación telefónica, del rejunte de miradas nerviosas resuena “están saqueando el centro!”…

Entonces se nos enciende como una alarma instalada en lo más profundo de nuestras mentes, una alarma exclusiva de argentinos sobrevivientes de la odisea 2001.

Nos imaginamos lo peor, salgo al balcón y ahora cobran sentido las alarmas y sirenas anónimas, debajo en la calle los vecinos solo hablan de lo mismo, y meten en cada oración la palabra maldita.

– Dicen que están saqueando tienda San Juan! era sabido!

No tenemos televisor, radio ni conexión  a internet a mano como para informarnos, atino a enviar un mensaje de texto a un amigo, a los segundos este me responde:

– Estoy en el laburo, pero dicen que saquean en el centro, Yerba Buena, Banda del río Salí, terminal vieja…

De inmediato nos bañamos, cambiamos, y nos ponemos las zapatillas,  tomo el cargador con las pilas aún tibias, guardo todo en la mochila junto a la cámara con algo de dinero , también abrigo por si acaso y salimos del edificio.

La gente está en las calles, detenida, expectante, mirando desorientada, sumida en la incertidumbre, igual que nosotros.  Incluso el bar que nunca cierra está cerrado ahora, es el primer síntoma de la paranoia colectiva.

Calles más arriba los  almacenes y quioscos atienden tras las rejas de sus comercios, es la misma postal por metros y metros. El mcdonald también está cerrado y sus empleados adentro a luces apagadas , al lado otro comercio parece la prisión de un grupo de personas que se agolpan rejas adentro mirando de reojo la calle.

Después de los saqueos del nefasto 2001 los comercios tucumanos se han preparado mejor para esta clase de eventos aunque dista más de una década de la caída del aburrido  de De la Rúa, el mecanismo de defensa se activó el sábado por la noche ante la noticia de que los saqueos estaban sucediéndose nuevamente.

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En la esquina de Cordoba y Muñecas un pequeño cordón policial deja indicios de lo que acaba de suceder, en el bar de en frente la gente está de lo más tranquila sentada en la vereda, pero los comerciantes de la zona, los que no tienen rejas, vigilan las puertas y están alertas.

A pesar de no ser aún las 21 hs ya muchos comercios han cerrado la caja y permanece la vigilancia propia tras o delante de las persianas, otros en tanto, más valientes, dejan una pequeña puerta de la persiana abierta para permitir que la gente siga ingresando a los comercios y puedan efectuar así sus últimas compras navideñas de la noche. Misma medida han tomado en una zapatería sobre calle Maipú, dentro una joven mujer, con la indumentaria de trabajo de Tienda San Juan espera con su mirada atemorizada y nerviosa en un banquito a que alguien la venga a buscar, mientras habla con su novio empleado del local de calzados.

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En la esquina de calles Maipú y Mendoza otro grupo más nutrido de policías está reunido, los jefes imparten ordenes, parejas de oficiales patrullan cada calle cercana a la zona, los portales vidriados de ingreso a Tienda San Juan se encuentran bloqueados por dentro con estanterías, pero no hay más rastro de violencia o vandalismo, a pocos metros un policía se fuma un pucho.

La noche se vuelve extraña, se mezcla la postal cotidiana de la gente caminando tranquila por las peatonales mientras una fuerte presencia policial y bien armada patrulla las calles, en medio de los cercos policiales de seguridad los pocos vendedores ambulantes que han quedado intentan vender algo más. Sobre calle San Martín frente a la Casa de Gobierno otro grupo de efectivos policiales desciende de un vehículo de la escuela de cadetes.  El palacio gubernamental permanece parcialmente vallado, sobre uno de los accesos de calle 25 de Mayo una camioneta toyota está siendo custodiada por un policía que habla por teléfono celular, recuerda a cierto helicóptero aguardando cierta huida…

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Una motocicleta con dos policías de civil con chalecos de la fuerza se detienen e ingresan fuertemente armados a la Caja Popular de Ahorros por el acceso de calle San Martín. En el centro de monitoreo a pocos metros de allí el movimiento es incesante, llamadas, ordenes, y los ojos electrónicos acechando desde los aires contaminados de Tucumán en busca de nuevos focos rebeldes.

En la burbuja de cristal un grupo de sujetos influyentes están reunidos alrededor de un  monitor de computadora en cuya pantalla se visualiza un software de edición de vídeo, en el se ven imágenes de las zonas de los saqueos, quizás esperan individualizar rostros, o esclarecer qué fue lo que pasó realmente.

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Armas de desprotección masiva

Dicen que en la tele están diciendo que no pasó nada, los diarios dirán lo mismo al otro día, en las palabras textuales del jefe de policía, que si bien hubo corridas y gente herida producto de las mismas no se pudo confirmar ningún saqueo en el micro centro tucumano. No era eso contra lo que se atrincheraron vendedores ambulantes con palos y fierros, auto organizados contra el posible ataque y ante la total desprotección policial de todos los días, mucho menos era esa “nada” contra la que se aprestaron a establecer vigilia los uniformados por largas horas después.

La versión oficial era que el robo de un par de zapatillas en los puestos de ropa de la vieja terminal de colectivos había desencadenado, como una bola de nieve, el rumor de un saqueo. Para esa “nada” hubo un gran despliegue policial, ingreso de la policía montada a las peatonales para impartir más miedo del que ya se había propagado, y una gran cobertura informativa que repercutió en la prensa Nacional, otra vez Tucumán resonaba en todos los titulares. De algo habrán servido los botones anti pánico instalados recientemente, fueron estrenados este sábado por el cero kilómetro Ministro de seguridad Jorge Gassenbauer ante una situación que dejó al descubierto una vez más el poncho de inseguridad local.

Lo cierto es que los saqueos existieron, al menos en varios puntos de la provincia, no fue un hecho aislado de la realidad nacional, en los últimos días y horas se han sucedido otros saqueos en diferentes puntos del país. Lo llamativo en Tucumán es que el rumor cobró tal magnitud que es una certeza para muchos, y no todos fueron saqueos concretados, otros talvez ni siquiera existieron. Por otra parte de ninguna manera puede creerse que estos saqueos son espontaneos movidos por la necesidad de la gente, como  dijo Geronimo Vargas Aignasse en su opinión más critica de la politica de seguridad  de la gestión Alperovich: “saquear es robar”, y como bien opinaba una vecina del microcentro: “una cosa es la necesidad, otra es robar, la gente no come juguetes ni televisores de plasma, son oportunistas!”.

No seamos ingenuos, estos saqueos están conectados, y quienes sean que estén detrás de esto no vienen muy contentos con el gobierno nacional, y vamos que una cosa es disentir de ideas y debatir o criticar, otra cosa es sembrar el pánico infundadamente y retrotraer  a nuestra sociedad a la crisis del 2001 para sembrar caos y paranoia.

Ya lo dijo Eduardo Aliverti en una editorial del programa radial “marca de radio”, en referencia a la marcha anti “k” del 13 de Septiembre: “comparar con la crisis del 2001 es una falta de respeto para todas las victimas y muertes de la represión de aquellos dias”, es la misma falta de respeto al país y a nuestra historia reciente estos saqueos que no buscan más que desestabilizar  insertando en la gente el germen del temor con aquella alarma del 2001, como si aquel país fuese el mismo en el que vivimos hoy, pese a que aún quedan convencidos de que efectivamente es el mismo país, asunto debatible en paz y tolerancia.

Como hecho de inseguridad es muy grave lo que pasó este sábado en Tucumán por que desnuda hasta qué punto nuestra sociedad está desprotegida a manos de los delincuentes ( de los ladrones de gallinas, y de los otros de guante blanco) y de qué manera hasta en una de las zonas que se supone más segura por estar cubierta de sucursales bancarias, comercios, colegios y por estar cerca de la casa de gobierno tucumana es una de las más desprotegidas ante la ausencia de políticas serias, eficientes de seguridad. Que  se encuentra en cambio obesa de policías y altos mandos corruptos, hábiles para el tecleo con celulares, campeones de pachorra en trabajar o hacer cumplir las leyes.

Al menos estos hechos han dejado en claro que hasta un grupo de vendedores ambulantes es más organizado y eficiente para la defensa que un grupo de hombres con uniforme y armas de fuego , aprobados con examen de ingreso -dicen- y fuertemente entrenados fisica e intelectualmente.

Otra mancha más al tigre, la misma piedrita de la inseguridad engrosándose en el zapato del gobierno de Alperovich, cuya imagen no se recupera del todo con la repercusión nacional reciente del juicio por el caso Marita Verón y los dichos de su esposa la Senadora Beatriz Rojkés, ahora es noticia también por los “saqueos”. Tucumán sigue ardiendo, no caben dudas.

Un comentario el “Alarma 2001

  1. […] alarma de aquel año y sus consecuencias sigue en nosotros, en el miedo, lo vivimos los tucumanos el año pasado en la paranoia y lo vivimos ahora en los sucesos […]

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