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Inseguridad sideral

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Eran los primeros minutos del día sábado, y en plena calle Mendoza, en la cuadra de los estudios de radio LV7 un “operativo” singular llamó la atención de vecinos y transeúntes.

Ocasionalmente nos encontrábamos caminando por allí, los gritos de mujeres y hombres nos alarmaron al llegar a la esquina de Mendoza y Monteagudo. Comerciantes, vecinos y hasta el delivery de una conocida casa de comidas se encontraban expectantes como nosotros tratando de entender qué estaba pasando.  Un par de jóvenes mujeres gritaban y señalaban a otra mujer en medio del tumulto de chóferes y vehículos atravesados de la agencia de taxis “5 estrellas”, una legendaria flota de taxis que allá por los tiempos de Julio Miranda gobernador hacían las veces de “fuerza parapolicial” o “policia paralela”, llegando a decirse incluso que tenían más poder que la policía de la provincia.

En Tucumán decir “5 estrellas” es remitir a una serie de leyendas, creencias y misterios urbanos que hablan de negocios turbios, drogas, redes de tráfico de personas y otras yerbas, su dueño es Rubén “la chancha” Ale, a quien habrán escuchado nombrar en el caso Marita Verón, el mismo que años atrás como presidente del club de fútbol San Martín de Tucumán estrechó la mano del gobernador Alperovich tras recibir una jugosa y millonaria ayudita económica del gobierno tucumano para obras en el estadio santo.

Minutos después de la redada tachera, uno de los chóferes se dirigió hacia la esquina para detener el trafico mientras sus compañeros se alejaban a gran velocidad del lugar liderados por el móvil nº3660 en cuyo interior iban al menos dos mujeres que continuaban a los gritos, entre los chóferes alguien nombró a un tal “Morales” con el que debían hablar por lo sucedido ¿un policía? ¿alguien de los 5 estrellas? alguien con unos zapatos muy grandes de llenar evidentemente.

El hecho fue anoticiado por el diario la gaceta (Los taxis de cinco estrellas atraparon a dos arrebatadoras ), donde consigna que todo se debió a que habían robado a la hija de Rubén Ale por lo cual los chóferes de su agencia intervinieron de esta manera.  Lo curioso es que en la nota dice que un efectivo policial que custodiaba la esquina de  Mendoza y Rivadavia (en la esquina siguiente no había ni guardia policial ni cámaras de monitoreo) pidió refuerzos (?), pero cuando llegaron los taxistas ya habían reducido a las mujeres. Veamos: a la vuelta de allí por calle San Martín hay una comisaría.  Todo sucedió en cuestión de minutos, los taxistas interceptaron, detuvieron y transportaron a las supuestas arrebatadoras y hasta entonces ningún vehículo policial se había hecho presente pese a la cercanía, y sin la celeridad con la que deberían haber actuado. Algunos presentes pensaron que se había tratado de un secuestro, ¿y si lo hubiera sido? hubiera ocurrido en las narices de la policía y nada hubieran hecho para evitarlo.  Otra vez la inseguridad muestra la hilacha y en pleno centro tucumano ¿qué podemos esperar del resto de la provincia?, allí donde deberían haber actuado efectivos policiales que son preparados para contener situaciones como esta, actuaron en cambio y a cuenta de justicia propia un grupo de taxistas que hace tiempo se encuentran acostumbrados a defenderse los unos a los otros como miembros de un clan con códigos de camaradas. Nadie en su sano juicio se atrevería a meterse con los 5 estrellas.

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Recientemente el caso de un joven desaparecido ( nota: lo encontraron en las últimas horas, estaba detenido en una comisaría “por ebriedad” según informa el diario la gaceta) inundó las redes sociales de los tucumanos, el muchacho según consigna en las publicaciones fue visto por última vez en plaza San Martin, aseguran que cuando sus padres requirieron las grabaciones  en video del centro de monitoreo capitalino les respondieron que la cámara de la plaza no funcionaba. Recuerdan el año pasado cuando en la plaza Independencia estallaron 8 bancos de plaza provocando heridas a un niño, días más tarde trascendió que la cámara de la plaza había capturado en imágenes a la pareja sospechada de haber hecho explotar los bancos, cuya culpabilidad había sido otorgada a los skaters en un primer momento,  y a los estudiantes luego, declaraciones de la Ministra de Educación (quien decía haber visto las filmaciones que por supuesto nunca salieron a la luz) mediante, el tema quedó en el olvido, la investigación detenida, los culpables nunca fueron encontrados ni juzgados de un hecho que atentaba contra la seguridad de la ciudadanía . Cámaras de video se disputan el espacio publico más intimo de los ciudadanos que son las plazas, y aún así no consiguen cumplir con el objetivo de anticiparse al delito o servir de evidencia, otro gasto a la basura.

Sabemos que algunos vecinos creen que el delito ha disminuido en las calles donde se han instalado las cámaras, así como sabemos que existieron comercios que debieron cerrar sus puertas para siempre luego de innumerables asaltos en las zonas “ciegas” del ojo digital. Es cierto que una cámara no reemplaza a un efectivo policial capacitado física  moral, y mentalmente para combatir el delito, pero en Tucumán no solo las cámaras, también los taxistas y hasta los ciudadanos mismos han reemplazado el rol de las fuerzas de seguridad de la provincia. Es momento de preguntarnos si no es un gran desperdicio pagar tantos sueldos y engordar tantos policías si no cumplen con el trabajo que se las ha encomendado de proteger y servir.

Ante la falta de seguridad y de efectivos capacitados para ello, la sociedad se convierte en una selva siniestra en la que corre la ley del Talión: ojo por ojo y diente por diente. En algunos barrios periféricos al casco céntrico  los vecinos cansados de sufrir hechos delictivos recurrieron a implementar alternativas como los “rondines”, unos civiles que durante la noche o el día recorren las calles del barrio haciendo sonar  algún silbato, vigilando de que ningún extraño merodee o lleve a cabo algún ataque contras las propiedades. Hacia fines del año pasado un par de rondines atraparon a unos jóvenes que intentaban robar en una casa, para impedirlo los golpearon hasta dejarlos inconscientes  y no conformes con ello planeaban cargarlos en una camioneta y abandonarlos agonizantes en algún río muy lejos de la ciudad, lo que fue evitado por pedido de una vecina. Paralelamente también crece el negocio de las alarmas  y de la seguridad privada.

Como digo siempre, me resulta extraño que a esta altura del partido no nos hayan robado el gobernador con sillón y todo. Ese mismo gobernador que dijo en estos días ante la prensa que iba a garantizar la seguridad del clásico del fútbol tucumano, no ha podido garantizar todavía la seguridad de los  tucumanos que han visto rodar cabezas y cabezas de funcionarios  (un verdadero clásico de esta gestión) prometiendo reducir el delito. Tucumán arde… en inseguridad.

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