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El Tucumano no valora la vida

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Las elevadas temperaturas de estos días no son más que una novedad meramente climática, en realidad Tucumán arde todo el año, ya lo sabemos muy bien, pero a menudo las cosas que nos suceden deberían llamarnos a la reflexión, al menos hoy me tocó reflexionar a mi.

Desde las rutas de acceso Tucumán ya humea, hace varios días vecinos cortan la autopista en frente del MERCOFRUT, dicen las noticias que por falta de agua. Los cortes no son permanentes, van rotando, pero cada vez que levantan la protesta los restos de cubiertas quemadas, y los alambres de las mismas quedan dispersos sobre el asfalto, con el peligro que esto significa para los vehículos que al toparse con ellos o al intentar esquivarlos pueden sufrir accidentes. Ni los vecinos, ni la policía, ni alguna autoridad a cargo se da cuenta de esto. La zona por la noche permanece a obscuras ya que a pesar de contar con postes de luz en la ruta, hace meses – cuando no años – que permanecen apagados.

 

La falta de agua y de energía eléctrica suman muchos reclamos, pero un caso particular se sucedió estos días en la localidad de Carbón Pozo, una familia llamó a EDET para que fuera a solucionar un problema por la caída de un cable de alta tensión dentro de su vivienda, la familia que cuenta con 4 hijos no recibió una rápida respuesta y accionar por parte de la empresa proveedora de electricidad. Ante la poca presión de agua por el intenso calor el padre salió al patio a sacar agua del balde de una canilla donde fue alcanzado por la electricidad del cable dañado. Falleció, una decisión a tiempo hubiera salvado su vida.

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Metros más adelante  del Mercofrut ya en el ingreso a la capital sobre Av. Wenceslao Posse el cuerpo de un joven yacía muerto sobre la calle, era uno de los tantos jovenes que desde la crisis del 2001 quedaron congelados en esta ancha avenida de acceso, lavando vehículos de todos los portes, en un lugar no permitido pero habilitado por la vista gorda. Hace tiempo algun funcionario advirtió que no era un lugar para instalar lavaderos, pero sin embargo a la SAT no le pareció malo colocarles tomas de agua a cada puesto de lavado, como para no sacarlos más de ahí y de paso hacer unos pesos extras para el bolsillo del derecho humano privatizado. Así la postal de bienvenida de los turistas se convirtió en la repetida escena de los trabajadores de estos lavaderos clandestinos, encimándose peligrosamente hacia adentro de la calle haciendo seña con los brazos a todo automovilista que pase para invitarlo a lavar su auto allí. Con el riesgo que esto significa es milagroso que las muertes en esa zona no ocurran más seguido.

A esto se le suma que muchos camiones son clientes de estos lavaderos y muchas veces realizan maniobras peligrosas al cruzar o estacionar en mala posición. Hasta vehículos oficiales del gobierno se lavan de vez en cuando en estos lavaderos, ricos y pobres todos clientes, aunque el número de lavaderos disminuyó persisten en la práctica. Quizás si alguien hubiera tomado la decisión de regularizar la situación de estos trabajadores y darles un poco de la dignidad que merecen en un lugar seguro la vida de este tucumano de 26 años que murió hoy aplastado por un montacarga no se hubiera apagado tan trágicamente.

El tránsito es uno de los visibilizadores de los – malos- hábitos del tucumano en una ciudad que ha crecido sin control, y donde uno más cae a cuenta de que la vida nos importa muy poco, o la valoramos de menos. Motociclistas sin casco, sin chapa patente, estacionados sobre las sendas peatonales al igual que uno que otro auto interrumpiendo el paso de los peatones, colectivos cruzando en rojo, bocinazos impacientes, estacionados en doble fila, el pobre uso de las luces de giro y las balizas para comunicar la maniobra a los demás, el no respeto de la prioridad de paso a los peatones, peatones que cruzan  corriendo cuando la luz del semaforo apura, peatones que cruzan la calle fuera de la senda peatonal y por medio de la cuadra, manejar y usar el celular al mismo tiempo, no usar cinturón de seguridad, etc son solo algunas de las faltas que siempre se ven en Tucumán y que lamentablemente se cobran vidas y heridos en situaciones que con educación pero con sobre todo respeto por la vida propia y ajena podrían evitarse.

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A las falencias de los conductores y peatones se le suman las fallas en la planificación urbana del tránsito, en Tucumán son muchas las esquinas donde los colectivos realizan giros que los llevan a pasar casi encima de las estrechas veredas y a ccentímetrosde los ciudadanos, todos sabíamos del peligro porque lo transitamos a diario pero ni nosotros ni las autoridades hicimos nada, hasta que alguien pagó por nuestra indiferencia. El 26 de Octubre del 2013 Eduardo Juarez murió aplastado por un colectivo de la linea 101 en la esquina de Córdoba y Monteagudo, en el momento salvó a una chica y a un niño que lo acompañaban empujándolos fuera del lugar del impacto.

Esta noche sus familiares tras un año de no obtener justicia por la muerte de Eduardo y no conseguir que el municipio modificara el recorrido de los colectivos por esquinas peligrosas como esta, decidieron llamar la atención y exigir que los escuchen cortando el tránsito de ese lugar, quemando cubiertas. Desde lejos parecía que se trataba de un incendio en un edificio, la espesa columna de humo de cubierta quemada asfixiaba más a los vecinos en las altas temperaturas del anochecer tucumano. En el lugar no había agentes de tránsito ni policías por lo cual en minutos la protesta trajo caos. Una ambulancia permaneció atascada por más de 15 minutos en Córdoba al 100, y tras de ella una larga fila de vehículos que habían ingresado sin advertir el corte.

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Estacionados sobre la senda peatonal y cruzando en rojo, en las narices de los guardianes del orden.

Casi 30 minutos más tarde apareció un patrullero que intentó sin éxito desviar el tráfico hacia esa calle sobre la esquina de Balcarce, luego llegaron un par de agentes municipales, también sin éxito. Salían vehículos y entraban otros, hasta un colectivo quedó atrapado, mientras tanto se multiplicaban las maniobras peligrosas y no había suficiente personal para re ordenar el tránsito, los taxis se paraban sobre la senda peatonal y arrancaban con el semáforo en  rojo delante de los agentes. Finalmente la ambulancia pudo pasar a pesar del corte  que momentos después fue levantado.

En la zona quedaron los alambres dispersos de las cubiertas incendiadas, el polvillo negro y tóxico de las mismas volvía a volar en el aire con cada auto que pasaba por encima o personas que pisaban las cenizas, las veredas se quedaron teñidas de un color oscuro y era realmente complicado respirar en la cuadra sobre cuyas paredes se leía en aerosol negro “Linea 101 asesina”.

Con todo el derecho a manifestarse que tienen los allegados y familiares de la victima, la protesta puso en riesgo a muchas otras personas y perjudicó a otros más, por empezar uno no debería tener que salir a protestar sino antes debería tener la respuesta y la decisión rápida del Estado para prevenir y evitar nuevos accidentes, cosa que aquí no ha pasado y ningún candidato de los que ya se sacan la cabeza por un cargo se ha dignado en resolver.

Muchas otras protestas se multiplican día a día en la capital y en el interior, muchas por accidentes de tránsito no resueltos por la justicia, otros por hechos de inseguridad, de a poco el humo negro vuelve a instalarse en la provincia de ese gobernador que nos dicen desde afuera ha cumplido todos nuestros sueños.

Todo esto me deja pensando, y me hace reflexionar,  una reflexión que me lleva a pedirles  a todos ustedes,  responsables o no de esto que sucede, que reflexionemos juntos, que el cambio empieza por nosotros, que somos nosotros los que debemos empezar con el ejemplo y exigir el respeto no solo a nuestros derechos sino y principalmente a la vida. Porque quizás por muchos años nos han demostrado y enseñado que nuestras vidas no valían nada, tanto olvido y tanta misería sufrida por el tucumano lo ha llevado a la falsa creencia de que no valemos nada y que mejor salvarse uno. Pero no debe ser así, la vida debe ser protegida, y es tarea nuestra , del Estado y de las demás instituciones su protección.

Me despido de esta ciudad infernal y antes de llegar a la rotonda una improvisada carpa con venta de sandías ubicado ilegalmente en mitad de la avenida me dice adiós mientras obstruye la visión,  para  recordarme que ninguno de nosotros está aún libre de perder su vida por la indiferencia de alguien. Honrar la vida…

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