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Por qué el 911 no funciona

El 911 (el sistema de llamadas de emergencia de la policía de Tucumán) nació por la misma razón que nacieron las cámaras del centro de monitoreo, para ocultar las falencias del sistema policial para venderle a la población la ilusión de que están más seguros y cuidados, en la práctica esto dista mucho de ser así.

Lo que  se relata a continuación ocurrió el pasado 23 de Diciembre de 2014 en horas de la madrugada:

el lugar de los hechos - imágenes google street view

el lugar de los hechos – imágenes google street view

Pasadas las 3 AM sobre calle Balcarce de la capital tucumana a pocos metros del cruce con calle San Juan un sujeto de bigotes vestido con ropas oscuras, de joven y delgada contextura fisica se encontraba en actitud sospechosa en la entrada de una pequeña panadería de la cuadra. Fue avistado por vecinos de la zona quienes al instante efectuaron la llamada de emergencia al 911. Pese a que en ambas esquinas hay cámaras de vigilancia pública nadie de la policía advirtió lo que estaba sucediendo, mientras tanto el sujeto en cuestión de minutos ingresó a la panadería se hizo con una balanza que escondió bajo sus ropas y salió a la vereda.

Allí estaban los vecinos que intentaban disimular que ya lo habían descubierto, el sujeto según relatan se encontraba aparentemente bajo efectos de drogas, al notar la presencia de los vecinos retrocedió hasta unas bolsas de basura y simulaba cartonear (ya que en la zona del centro tucumano es común que las familias recorran las calles recolectando cartones y seleccionando la basura ) luego de acomodarse bien el objeto sustraído entre sus ropas se alejó, al llegar a la esquina de Córdoba y Balcarce el ladrón comenzó a gritar y a hacer gestos a los vecinos mientras los amenazaba a la distancia.

En ese lapso de tiempo la policía no había llegado al lugar. A pesar de que la comisaría más cercana se encuentra a 300 metros, y que  a esa hora de la madrugada los semáforos no funcionan y el tráfico es nulo, el patrullero se demoró más de 10 minutos en llegar, cuando al fin pudo llegar por calle Balcarce el patrullero pasó calles abajo en 2 ocasiones mientras el delincuente había huido por calle Córdoba al 100. Es decir ni siquiera habían hecho contacto visual desde el centro de monitoreo con el sospechoso ni el lugar del robo al momento de la llamada.

mapadelito

Al día siguiente los trabajadores de la panadería se dieron con el faltante, pero aseguraron que nadie de la policía ni del 911 se había puesto en contacto con ellos.

No era el primer asalto que la panadería sufría en su joven vida; en el mes de Octubre el sistema de cámaras de la ciudad detectó que 2 sujetos habían ingresado a la misma panadería y se habían robado también una balanza , tampoco se puso en contacto con ellos la policía. El dueño de la panadería se enteró por comentarios de los vecinos que habían leído la noticia en el diario.

Pese a que el sistema de monitoreo funcionó entonces y atraparon a los delincuentes, una empleada del lugar aseguró luego del último robo que aún no pudieron recuperar la primer balanza robada que continuaba en poder de la policía por trabas burocráticas de papeleo.

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A pesar de que en el centro se encuentra el lugar hipotéticamente más seguro: la casa de gobierno de Tucumán, los robos se producen a diario y a toda hora, incluso durante el día. Si bien en estos meses de fiestas la policía custodiaba las esquinas,  al caer la noche y al cerrar el horario comercial la policía abandona las calles y los delincuentes aprovechan.

En la panadería tenían poca esperanza de recuperar lo robado, incluso poca fe en hacer la denuncia, la confianza en esta policía parece perdida, hasta analizan cerrar definitivamente la panadería. En la zona según nos comentaron los vecinos el delincuente continua merodeando.

La cadena de la inseguridad

En la zona donde se produjo este robo es constante ver también robo de autos, jovenes que roban para vender o cambiar las cosas que sustraen y así poder conseguir mas droga. Esa es la cadena  de la inseguridad en el centro tucumano, con una juventud que en 11 años de gestión del actual gobierno no fue contenida por una política seria de lucha contra las adicciones, esto se hace visible en la innumerable cantidad de veces que un adicto se encandenó a la casa de gobierno para pedir ayuda, y que la última vez en Agosto de 2010 fue quitado por la fuerza en un auto sin patente por personal de la policía de Tucumán – a propósito de que el gobernador dijo en su mensaje de fin de año que hemos vivido una década de democracia -, también en las madres de los jovenes adictos de la Costanera, en Tucumán cada esquina cuenta una historia del futuro narcotizado.

Un joven bajo los efectos de la droga es capaz de cualquier cosa, en los minutos en que el patrullero de la policía no acudió con celeridad al llamado de emergencia pudo haber ocurrido algo peor ¿y quién se haría cargo?. ¿Por qué debe el ciudadano común convertirse en sheriff del lejano Oeste y hacer el trabajo de las fuerzas policiales que son bien pagadas con total impunidad – véase saqueos, acuartelamientos, corrupción, miratrastes y adictos al celular -. ¿Por qué debe ser el ciudadano común los ojos de una policía que no está en la calle donde debe estar patrullando a toda hora?.

En este último tiempo se han multiplicado los casos de justicia por mano propia en Tucumán, desde golpizas callejeras a delincuentes en manos de vecinos u ocasionales transeúntes hasta ejecuciones. El espacio vacío que dejan las fuerzas policiales está siendo llenado por la desesperación de la sociedad que ante la urgencia reacciona como puede, aveces de la peor manera, entonces ¿por qué tenemos policía?, re formulemos: ¿por qué tenemos ESTA POLICÍA?.

Para qué seguir conservando en sus puestos de trabajo a personal que no está preparado para combatir la inseguridad, no solo porque no están en condiciones físicas, sino porque ni siquiera saben hablar, no tienen ni la formación necesaria para estar en las calles, esos recursos humanos son recursos desperdiciados y las consecuencias las paga el ciudadano común.

Los funcionarios tendrán seguridad privada, alarmas y video cámaras de vigilancia, pero los ciudadanos nos defendemos a nosotros mismos, y cada vez más: de nosotros mismos.

(Por cierto, ¿adivinen quienes están detrás de las empresas de seguridad privada en Tucumán? ex comisarios, ex policías de la provincia que hicieron de la inseguridad un negocio)

El policía tucumano ha dejado de cumplir su rol de servir y proteger a la comunidad para ser un mero transporte del delincuente hacia y desde la comisaría, un policía- remís, eso es lo que el gobernador llama “trabajar fuerte”.

En Tucumán no solo hay delincuencia de un funcionario que roba para si, hay delincuencia del robo que se hizo a la juventud por muchos años en la pobreza y en la miseria, en la destrucción de los núcleos familiares y en la ausencia del Estado en políticas sociales más intensivas, que muchos con razón culparan al neoliberalismo menemista, es verdad, pero también es responsabilidad de los que en esta década (que algunos llaman ganada) sobre esta juventud marginada han  hecho muy poco y la prueba de ello está a la vista en esta denuncia, en cada noche insegura.

Esa inseguridad es responsabilidad del Estado ausente, no por falta de recursos, porque Tucumán cuenta desde 2006 con un programa universitario para el estudio de adicciones (PUNA), se pudo haber trabajado “fuerte” -como le gusta decir al gobernador- con la UNT para ayudar a esta juventud que hoy sale a delinquir para evadir el Tucumán miserable en el que ya no soportan vivir y cuyo único pasaje de escape posible se llama “droga”.

Mientras tanto quien delinque cuando es atrapado va a la comisaría, sale y vuelve a delinquir porque no conoce otro camino, no hay otra alternativa, y al final acaba muerto, o llevándose otras vidas consigo.

Lo peor es que no son solo números vagando por las calles- a pesar de que a más de un funcionario le agrade conformarse con ello-  lo peor es que se mata o se muere en un minuto mientras que nadie hace nada por evitarlo, usted, yo, sus hijos, su familia y la nuestra, nadie está libre de ser victima de un hecho de inseguridad.

Esto no es una noticia más a pesar de que hay cientos de relatos similares para ser contados en esta provincia, ni siquiera es un llamado de atención, es una llamada de auxilio, y habrá que inventar algo más real que un “911” para responderla a tiempo antes de que sea demasiado tarde.

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