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Gestión Orellana – Famaillá atado con alambre

Los meses de lluvia intensa sobre el territorio tucumano pusieron al descubierto las faltas de obras del gobierno provincial, cada puente dañado o caído fue una carta de presentación de la inacción del Alperovichismo, otros corrieron con mejor suerte, una suerte que atribuyeron a la clemencia divina pero cuyas posibles consecuencias tienen más que ver con los mortales imperfectos.

Mientras en la gran mayoría de los municipios el agua no tuvo piedad en Famaillá fue mucho más leve, la primer gran tormenta ocurrió el 15 de febrero por la noche, desbordaron arroyos y canales, muchas familias perdieron muebles y recuerdos con el agua dentro de sus domicilios, mientras tanto en la plaza del pueblo sus gobernantes festejaban el carnaval con una pobre concurrencia.
El último gran susto se lo llevaron los famaillenses la madrugada del 11 de marzo, a pesar de que no llovía desde temprano, el rumor de que el río estaba desbordando corrió en minutos por todo el pueblo, los más curiosos se agolparon en el puente céntrico para observar la crecida del río y alertar a los vecinos para que evacuen a tiempo sus casas en los barrios cercanos, afortunadamente el desborde fue leve, apenas si avanzó unos metros sobre las calles de la costanera del río y en otras zonas rurales sin afectar a las viviendas.

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Ese mismo día por la mañana el hermano del Intendente, el legislador Orellana dijo en una entrevista a radio “Q”
que en Famaillá se habían encargado de la estructura antes, no después de lo ocurrido (como mojandole la oreja a sus ahora adversarios del alperovichismo), sin embargo los vecinos desde comienzos del año venían reclamando en las radios locales el desmalezamiento del cauce por temor a que el río creciera y creara problemas, finalmente las primeras crecidas se hicieron sentir y el río no había sido limpiado.
Ese mismo día de la entrevista el municipio envió a sus trabajadores a limpiar la base de los puentes cercanos al pueblo, lo hicieron en precarias condiciones sin ropa de trabajo, ni botas, ni guantes, ni equipo mínimo de seguridad, con ropa informal y sin camisa los empleados municipales se adentraron al río a paso de hombre y se las ingeniaron para quitar las ramas y troncos que habían quedado adheridos a las columnas de los puentes, si alguien quedaba atrapado en un remolino de agua o el río crecía imprevistamente sin dejarles lugar a escapar ¿quién hubiera respondido por las pérdidas humanas?.

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¿Todo seco melli?

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peligrosa improvisación: municipales usan un cable de acero atado a una retroexcavadora para remover troncos desde un puente

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En Famaillá algo huele mal

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Cada tormenta Famaillá se convierte en un espectáculo de fuentes cloacales, verdaderos geisers mal olientes que indignan a vecinos y rompen esquinas. Sucede que las cloacas del pueblo desembocan en el río que pasa a una cuadra de la plaza principal, junto al predio de la fiesta de la empanada y a escasas cuadras del balneario municipal, cada vez que el río crece lo suficiente, las cloacas rebotan y vuelven hacia las alcantarillas más cercanas por donde emergen a la calle.

Los frentes de los principales comercios de Famaillá (carnicerías, panaderías, verdulerías) conviven con los liquidos cloacales al pie de la calle, paradojicamente aún quedan barrios de Famaillá que no cuentan con la red cloacal.

La constante humedad y el paso de los vehículos ha roto más calles esta vez.

 

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tapa de alcantarilla abierta y levantada con peligro para el tránsito

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Inseguridad for export

Un mal día los gobernantes no perecederos de Famaillá se levantaron de la cama con la idea de que Famaillá debía convertirse en un centro de atracciones turisticas que traerían trabajo y progreso al pueblo, así durante decádas se dedicaron a edificar ficticios atractivos de cemento en cada recoveco de la ciudad.

El museo a cielo abierto (una avenida con esculturas talladas), el paseo de los músicos (homenaje a los principales artistas tucumanos) la galería de la veneración (ubicado detrás del cementerio local conformado de figuras religiosas en diferentes tamaños), y la más bizarra y cuestionada de todas las obras: el parque histórico (un conjunto de edificaciones réplicas de edificios históricos del país como el cabildo porteño o la casa de la independencia tucumana) son algunas de las “obras” que el municipio se jacta de haber construido, y con las que atraen a dispersos turistas cada año.

Pero no solo turistas supo atraer la intendencia Orellana… cobardes delincuentes hicieron de Famaillá su nido de ratas para asaltar a turistas y famaillenses en las cercanías de las paradas de colectivos ubicadas cerca de los atractivos turísticos como el Cabildo o la galería de la veneración. Esta última obra cuenta con un frondoso jardín que durante la noche se convierte en oscuro escondite para los ladronzuelos (muchos de ellos menores de edad) que esperan a que la gente baje de los colectivos y así asaltarlos, actúan de sorpresa, aveces de a dos, arrebatan carteras y teléfonos y sus victimas son casi siempre mujeres.

Otro de los lugares elegidos para el atraco es el puente peatonal de la pista de la salud sobre las vías del tren, allí también aprovechan la precaria iluminación y los recovecos para esconderse y atacar.

Según constatamos con los vecinos de la zona son frecuentes los robos, y son siempre los mismos delincuentes, en la comisaría ya los conocen pero como son menores de edad ni se molestan en perseguirlos.

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Famaillá no levanta vuelo

Famaillá levanta vuelo, era el slogan con el que los Orellana se promocionaban los primeros años de su gestión con un jingle que incluía el sonido de un avión despegando, hoy al igual que a su pseudo-enemigo Alperovich, el relato de la obra pública cayó a pique en Famaillá.

Durante años de gestión los mellizos parecen no haber encontrado tiempo para brindar soluciones reales a los vecinos, y suculentas sumas de dinero se desviaron a obras que nada tienen que ver con la mejora de la calidad de vida de los famaillenses, sin mencionar dudosas rendiciones de cuentas (vease plan de obras “más cerca”).

 

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