Historia

17 de Abril 2006, 18:47Lorena Betta


El texto que sigue fue también publicado como editorial en INTERLINK HEADLINE NEWS No. 4082, el día martes 4 de abril de 2006.

La experiencia del colectivo de artistas denominado “Tucumán Arde”, se desarrolla a fines de la década del sesenta, en un momento en que el campo del arte argentino se halla impregnado por el lenguaje modernizante y desarrollista que viene instalando el frondizismo desde la década anterior. Tanto en el terreno político como en el artístico, la Argentina sesentista se encamina hacia un mismo fin, ocupar un lugar privilegiado en la escena internacional. En consonancia a los proyectos de modernización e internacionalización del arte latinoamericano que se inician en la segunda posguerra desde los Estados Unidos, el campo cultural argentino promueve la emergencia de programas de vanguardia y la creación de instituciones oficiales y privadas con el objetivo de promover el arte abstracto. Es el momento en que el Instituto Di Tella de Buenos Aires se constituye en uno de los centros artísticos mas importantes de la escena local. “Vanguardia e internacionalismo” son los conceptos que circulan cotidianamente en el repertorio cultural de aquellos años, y que formará parte de la publicidad de sus convocatorias. En paralelo al discurso hegemónico y hacia la segunda mitad de los 60, aparecen las críticas a la institucionalización del arte de vanguardia a través de proyectos artisticos de corte revolucionario. Tucumán Arde es el ejemplo más significativo de este tipo de críticas. Es un grupo de artistas plásticos integrado en su mayoría por rosarinos, pero también santafesinos y porteños como León Ferrari y Roberto Jacoby. La particularidad de este colectivo se debe, no sólo a su capacidad de intervenir en el discurso político que publicitan las instituciones oficiales de circulación del arte, sino también en dejar al descubierto la tergiversación de la realidad social por parte del poder político a través de la manipulación de los medios de comunicación. Como ejemplo del caso toman la situación crítica que atraviesa la provincia de Tucumán por aquellos años con el cierre de los ingenios azucareros y un importante número de trabajadores que quedan sin empleo. Consideran que el “Operativo Tucumán” -que lleva adelante el gobierno de Onganía como un proyecto desarrollista y modernizador-, es en realidad un “Operativo Silencio”, que intenta tergiversar y silenciar la verdadera situación que atreviesa la provincia norteña en ese momento. En este sentido, la obra que llevan adelante tiene como finalidad dejar en evidencia esta falsa imagen que muestran los medios de comunicación en alianza con el poder político. Para ello, su acción apunta a una intervención directa sobre los medios, intentando crear desde alli un contradiscurso. La obra se concibe en tres etapas. La primer etapa consiste en la recolección de la información y un trabajo de documentación de la misma. Se realizan dos viajes a Tucumán. En el segundo viaje toman contacto con la CGTA, con los sindicatos azucareros, y dan una conferencia oficial en el lugar, donde cuentan en parte su proyecto, pero no informan sobre la denuncia al aparato politico que en realidad pretenden hacer con la obra. Paralelamente aparecen campañas publicitarias en las calles rosarinas que promocionan la obra, y son pensadas con la idea de que la convocatoria sea masiva. Los artistas eligen los espacios públicos mas concurridos para “promocionar” su propuestas. En una segunda etapa se pone en marcha la muestra, donde se expone los materiales recogidos. Se lleva a cabo -ya no en el museo- sino en las sedes de la CGT en las ciudades de Rosario y Buenos Aires (esta última muestra sólo dura unas horas tras ser levantada por amenazas del estado de intervenir al gremio. En el caso de Rosario, la entrada se empapela con los nombres de los dueños de los ingenios, los afiches de la campaña callejera, recortes periodísticos que hablaban de la situación de la región, cartas de pobladores y maestras, carteles colgantes pintados a mano sobre tela con diversas consignas (”Visite Tucumán, jardín de la miseria”; no a la tucumanización de nuestra patria?; “Tucumán, no hay solución sin liberación”).En el interior del edificio se ponen paneles con fotografías que testimonian la miseria en que vivía la provincia, se proyectan cortos y audiovisuales documentales elaborados con materiales recogidos en el viaje y grabaciones trasmitidas por altoparlantes de entrevistas a dirigentes sindicales o trabajadores cañeros y pobladores tucumanos. Cada breves y regulares lapsos de tiempo, se corta las luces del local, simbolizando la muerte de un niño tucumano. Se reparte café amargo entre los asistentes al lugar, simbolizando la crisis de la producción azucarera en la región norteña.La tercera parte de la obra que corresponde a la síntesis, evaluación y difusión de los resultados de la experiencia, no pudo llevársela a cabo a raíz de lo ocurrido en Bs As, que suspendieron las muestras programadas en Santa Fe y Córdoba. De cualquier manera la muestra busca generar un contraste fuerte con la propaganda oficial y para ello selecciona soportes técnicos tendientes a reflejar lo mas realista posible la verdadera situación tucumana (como ser fotografias, grabaciones, videos), donde los artistas no utilizan sus registros como mediaciones sino como implicados en el punto de vista mostrado, testigos de la realidad que mostraban. Ana Longoni y Mariano Mestman resaltan “la dimensión comunicacional” que recorre la obra, por el lugar privilegiado que ocupan los medios en su accionar. Y en este sentido tiene estrecha relación con “el arte de los medios” (1966) llevada a cabo unos años antes por algunos de los artistas que participan también de Tucumán Arde como el artista plástico Jacoby Roberto junto a escritores como Eduardo costa y Raul Escari que programaron un Anti-happening. El antihappening: Un happening que nunca existió aunque fue difundido por los medios masivos. Es decir, sólo existió en los medios.

* Trackback-URL FUENTE: http://www.lorenabetta.info  Presentación Agenda

Tucumán Arde por Fernando Farina

La obra Tucumán Arde produjo una de las fracturas más importantes de este siglo en la producción artística argentina. Planteada como proceso, representa el paso del experimentalismo institucionalizado en los años 60 -fundamentalmente a través del Instituto Torcuato Di Tella- a la vanguardia artística que se comprometió con problemáticas sociales. Por cuestiones éticas los artistas se alejaron del campo museístico en un rápido proceso que los vinculó con la vanguardia política y los llevó a realizar un trabajo en el seno de la central de trabajadores argentinos. La operación -anticipadora del arte conceptual consistió en utilizar las estrategias de los medios de comunicación para crear una contrainformación que permitiera denunciar la realidad que se vivía en una provincia argentina. Después de Tucumán Arde, varios de los mejores artistas argentinos que participaron del proceso abandonaron la práctica artística por varios años. Durante la última dictadura militar argentina (1976-1983) la mayoría de los participantes evitaron -por cuestiones de seguridad- difundir el trabajo, pero la obra igual se siguió recreando y se constituyó en un referente –en parte mítico- imposible de ignorar.

Acciones de un proceso

El 3 de noviembre de ‘l968, en el momento más duro del gobierno del presidente de facto Juan Carlos Onganía, en el local de la Confederación General del Trabajo (CGT) de los Argentinos de Rosario, a pocos metros del Comando del Ejército y de la Jefatura de Policía, un grupo de artistas exhibió material fílmico, fotografías, carteles y grabaciones de manifiesto contenido político y denuncia sobre la grave situación que se vivía en la provincia de Tucumán. La muestra denominada Tucumán Arde fue solamente una de las acciones de un proceso que incluyó varias fases – anteriores y posteriores- en las que se desarrollaron, en colaboración con especialistas; investigaciones, relevamientos e informes sobre aspectos sociales y económicos, y acciones conceptuales enmarcadas por estrategias de los medios de comunicación. Publicitada engañosamente en un principio como “Primera bienal de arte de vanguardia”, la exposición no fue consurada en Rosario pese a las explícitas críticas al gobierno de Onganía. Pero cuando semanas más tarde se volvió a montar en la sede central de la CGT de los Argentinos de Buenos Aires, fue levantada al día siguiente de la inauguración anta la amenaza policial de clausurar el local sindical. La decisión fue tomada por los propios artistas que prefirieron no hacer correr riesgos a la entidad gremial. Institucionalización de las denuncias La obra fue el resultado de una producción que se desarrolló en parte paralelamente a los cuestionamientos que los propios artistas hicieron de la institucionalización de las denuncias -aún de las más duras- al “vanguardista” Instituto Di Tella. El otro eje fue la toma de conciencia de la situación económica y política argentina, signada por el gobierno militar que había implementado dos años antes, entre otras medidas, el “Operativo Tucumán” que, publicitado como la industrialización de la provincia, en realidad sólo era una pantalla para justificar el cierre de los ingenios azucareros que representaban su motor productivo.

Kennedy y los baños

Algunos meses antes de Tucumán Arde, Eduardo Ruano presentó en el Salón Ver y Estimar de Buenos Aires un retrato de John F. Kennedy, pero el día de la inauguración el artista entró munido de un hacha, en una formación, y lo destruyó. Por este motivo fue expulsado, en medio de las protestas de los artistas. Poco tiempo después la policía clausuró en el Di Tella durante las Experiencias 68, la obra de Roberto Plate que consistía en un baño público simulado cuyas paredes fueron utilizadas para escribir graffitis en contra del gobierno. Como respuesta a la acción de los uniformados, los artistas participantes sacaron sus obras a la calle y las destruyeron. Otro hecho significativo fue el ocurrido en el Premio Braque organizado por la Embajada de Francia. Las resistidas bases del certamen (como sugerente reacción al reciente Mayo Francés) indicaban que los participantes debían adelantar los textos y fotos de las obras. También se advertía que las autoridades se reservaban el derecho de hacer cambios en las piezas a incluir. La noche de la entrega de los premios, varios grupos irrumpieron en el Museo Nacional de Bellas Artes y arrojaron huevos a funcionarios franceses y argentinos mientras se leía un texto de protesta. Algunos de los artistas -rosarinos y porteños- terminaron en la cárcel por varios días. Un mes antes, en Rosario, donde no se estaba al margen de los acontecimientos (había continuas reuniones con la gente de Buenos Aires), un grupo de artistas intervino una conferencia que el director del Di Tella, Jorge Romero Brest, fue invitado a dar en la tradicional institución Amigos del Arte. Luego de interrumpirlo y apagar las luces, Juan Pablo Renzi leyó un manifiesto que decía, entre otras cosas, que el arte no era una actividad pacifica ni de decoración sino un compromiso activo con la realidad “porque aspira a transformar esta sociedad de clases en una mejor’. “Mueran todas las instituciones, viva el arte de la revolución” fue el cierre del discursó obra que marcaba una ruptura manifiesta con el Di Tella e incluyó la renuncia a los subsidios ya otorgados por el instituto a artistas rosarinos “para evitar la compra de conciencias”. El acercamiento final entre los grupos de arte de vanguardia de Rosario y Buenos Aires se concretó en la idea de realizar una obra conjunta, para esto buscaron un “tema” que se justificara y llegaron a la conclusión de la necesidad de trabajar a partir de los problemas sociales reales. La decisión de realizar una obra sobre Tucumán estuvo relacionada con una declaración previa de la CGT de los Argentinos que en un documento había definido una serie de puntos, entre los cuales se destacaba la situación de la provincia por el cierre de los ingenios. La CGT de los Argentinos, dirigida por el gráfico Raimundo Ongaro, era una de las dos centrales obreras que funcionaban en el país desde marzo de 1968 cuando los gremialistas unidos en una única confederación se dividieron por diferencias sobre la actitud a tomar respecto de la política oficial. Mientras Ongaro adoptó una posidón combativa contra el gobierno militar y acogió a muchos intelectuales, la denominada CGT Azopardo -que nudeaba los gremios más importantes- optó por una acción colaboracionista con Onganía. Manipulación y encubrimiento El primer paso para la realización de la obra fue la acumulación y el estudio de estadísticas y datos sobre la realidad social de la provincia de Tucumán. Alrededor del proyecto trabajaron numerosos teóricos, sociólogos, artistas, cineastas y fotógrafos, pero finalmente el grupo se conformó con Noemí Escandell, Graciela Carnevale, María j. Teresa Gramuglio, Martha Greiner, María de Arechavala, Estela Pomerantz, Nicolás Rosa, Aldo Bortolofli, José María Lavarello, Edmundo Giura, Rodolfo Elizalde, Jaime Rippa, Rubén Naranjo, Norberto Puzzolo, Eduardo Favario, Emilio Ghilioni, Juan Pablo Renzi, Carlos Schork, Nora de Schork, David de Nully Braun, Roberto Zara, Oscar Pidusbva, Domingo Sapia, Raúl Pérez Cantón y Sara López Dupuy de Rosario, Graciela Bortchwick y Jorge Cohen de Santa Fe, y León Ferrari, Roberto Jacoby y Beatriz Balbé de Buenos Aires. Analizada la información existente, un grupo de artistas de Rosario viajó a Tucumán para recopilar datos en el lugar y hacer contactos. Posteriormente otro más numeroso -a los efectos de confrontar y verificar la realidad de la provincia- recaló allí con dos vías de trabajo, Por un lado hicieron una conferencia de prensa en el Museo de Bellas Artes, a la que asistieron numerosos medios, artistas y funcionarios, donde se anunció la preparación de un trabajo artístico -en sentido tradicional-. La finalidad fue encubrir los móviles de denuncia política de la obra, facilitar la tarea y evitar la represión del otro grupo que se abocó a realizar las entrevistas, grabaciones y filmaciones. El objetivo de los que hicieron el trabajo de campo fue relevar las paupérrimas condiciones de vida de los obreros de los ingenios azucareros. La actividad de estos artistas fue comunicada permanentemente mediante una falsa información hasta que recién el último día se explicitó el verdadero sentido de la obra. Durante una nueva conferencia de prensa se procedió a “denunciar la profundas contradicciones originadas por el sistema económico-político basado en el hambre y la desocupación, y en la creación de una falsa y gratuita superestructura cultural”. Entre las denuncias, marcaron la contradicción entre las condiciones de vida de los trabajadores de uno de los principales ingenios y la actitud de su dueño de realizar un concurso de pintura que había sido saludado con loas por artistas y funcionarios tucumanos. Esta chica tiene azúcar Una semana antes de partir a Tucumán, en Rosario -mientras los medios oficiales seguían mostrando una publicidad en la que aparecía una hermosa joven morena con el epígrafe “Esta chica tiene azúcar’, en alusión a la pequeña provincia argentina- se inició otro “Operativo Tucumán”. Los artistas, para crear una intriga “copiando” la acción publicitaria de los medios, pegaron afiches en carteleras oficiales pagas y paredes que decían únicamente “Tucumán” y simultáneamente en funciones de cine se proyectaron diapositivas con la misma palabra. Luego, mientras se desarrollaba el trabajo en esa provincia, se inició la campaña clandestina “Tucumán Arde”. Se pintaron fachadas y tapiales de Rosario y se pegaron miles de obleas en lugares públicos con esa única inscripción. También se pintaron y arrojaron volantes, y días antes de inaugurarse la muestra en Rosario se mostraron en forma “oficial” afiches anunciando, con cierta ironía, la “Primera bienal de arte de vanguardia”. Los testimonios filmados y grabados, sumados a centenares de fotografías, que se enviaban diarjamente desde Tucumán, permitieron que al regreso del grupo, todo estuviera listo para presentar el material. Sin embargo, la conmoción de lo vivido los llevó a plantearse la opción entre montar el material o hacer un acto político. Finalmente se decidió hacer la muestra. Los artistas fueron sorprendidos en Tucumán por una realidad que superaba lo que habían supuesto, pero tuvieron la necesidad de mostrarla. En la CGT El 3 de noviembre se inauguró la exposición bajo el doble título “Primera bjenal de arte de vanguardia” y “Tucumán arde”. Se exhibieron fotografías, diapositivas, cortometrajes, los parlantes propalaron grabaciones con los testimonios de los trabajadores, se expusieron noticias relacionadas con los cierres de los ingenios, y se entregaron copias al público. Para ingresar había que pisar los nombres de todos los dueños de los ingenios, y cada 30 segundos se apagaban las luces haciendo una alusión directa a que en Tucumán en ese mismo momento se moría alguien de hambre. Simbólicamente, se servía café sin azúcar. “La propuesta -explicaron a través de un manifiesto- es realizar un arte total, transformador y social, a partir de proponer el hecho estético como núcleo donde se integran y unifican to
dos los elementos que conforman la realidad humana, que destruye la separación idealista entre la obra y el mundo, y se integra a las fuerzas revolucionarias que combaten las imágenes de la muestra formas de la dependencia económica y clasista”. La obra fue definida por ellos mismos como “la creación de un circuito sobreinformacional para evidendar la solapada deformación de los hechos producidos en Tucumán, sufrida a través de los medios de infomación y difusión que detentan el poder oficial y la clase burguesa”, y tenía la intención básica de “promover un proceso desalienante de la imagen de la realidad tucumana elaborada por lo medios de comunicación de masas”. La acción iba a tener su culminación en una etapa ulterior al provocar una información de tercer grado recogida y formalizada en una publicación donde se constatarían todos los procesos de concepción y realización de la obra. La rápida clausura, la intención de difundir la obra y la falta de un proyecto común para continuar el proceso hicieron que la mayor parte del material se diseminara por todo el mundo. Por estos motivos en la actualidad existen muy pocos registros sobre Tucumán Arde. El resto y el mito Lo que los artistas no previeron es que el mismo proceso de realización de la obra los llevaría a un replanteo sobre qué hacer después de Tucumán. Todos, significativamente, dejaron de producir artísticamente por años y rompieron con las instituciones tradicionales para dedicarse a actividades “afines” _en general políticas_ no oficiales. Los participantes consideraron antiético retomar prácticas como la pintura, pero se convencieron rápidamente de que no tenía sentido reeditar una experiencia como Tucumán Arde. Si bien, el hablar de los medios y en ellos, tenía como previsión la posibilidad de que la imágenes de ¡a muestra obra se extendiera en el tiempo, no pudieron imaginar la gran difusión y proyección. Tucumán Arde no dejó nunca de recrearse, incluso hasta adquirió ciertas formas míticas, y los medios, y “la memoria colectiva” la siguieron produciendo. Algunos, conscientes hoy de lo ocurrido y teniendo en cuenta cierta inmaterialidad de la obra, reconocen que lo importante no es lo que se mostró -algo que seguramente sería superado por los actuales medios tecnológicos- sino el mismo proceso, que incluyó la modificación de sus consciencias y la asunción de que Tucumán era mucho peor de lo que imaginaban. Una verdadera obra, pero siniestra.

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